Tanned Tin epatado por Matt Elliott
No sin cierta resignación llegamos tarde a unos ya encauzados Oh! Pears. Este dúo de amigos desprende un indudable disfrute inmerso en su aventura de viajar por el mundo repartiendo un indie-pop-rock-eastcoast sencillo y eficaz. En algún vídeo les hemos podido ver con un formato más ambicioso que invita a estar pendientes de lo que hagan, que de momento sólo hay un EP y aquí vinieron con acústica y batería. Por su parte, Robert Hampson y Scott Dawson, de Main, deben ser unos santos varones. Es verdad que lo que hicieron fue más una excelente sesión de ambient que el kraut o postrock que esperaban algunos, pero las miradas asesinas que lanzaron al que aplaudía y vitoreaba cuando calculaba que la canción ya debía de haber acabado estaban más que justificadas. Calidad técnica y sonora sobresalientes, en cualquier caso.
Like a Stuntman, bebiendo muchísimo de Animal Collective -teclista con gorra incluida-, ofrecieron estructuras interesantes pero tal vez cierta inmadurez; por las mismas, Patterns tienen un margen de mejora superior, más aún después de ver cómo iban cogiendo confianza en el escenario conforme avanzaba el espectáculo.

Papa DuPau se acerca con pausa y trompeta al escenario mientras Spazzfrica Ehd, el batería que parece el estudiante que no sale nunca y cuando lo hace se convierte en un demonio, le da la réplica al piano. Y empiezan tres cuartos de hora de exceso. Za! son de una belleza fractal y orgánica, parecen caóticos hasta el absurdo, pero en base a loops montan un Cristo−medido con precisión de relojero− de voces, percusión y guitarras locas que hace que estos Lightning Bolt mediterráneos saquen adelante un concierto divertidísimo. Encajonaron al público en los dos metros que había entre la primera fila y el escenario a hacer el salvaje, porque no quedaba otra.
Al día siguiente Pete Dale, un hombre ya crecido, acústica y voz en mano, le cantaba a Spiderman. Voz, letra y melodía rayan a un nivel muy similar, compacto y homogéneo. Nivel no, por favor; más no. Elle Belga fueron como encontrar un billete de cincuenta euros en un abrigo. Un set mínimo de percusión para la chica, guitarra blousera para él, letras oníricas y la armonía de sus voces por encima de todo. “Cuando llegue a casa necesito escuchar esto muchas veces“, nos repetíamos.

Tras ricas raciones de croquetas de morcilla y de setas, repusimos energía el sábado para encontrarnos con 99 Call. Lo más destacado de su actuación, con mucho, fue la elegancia que exudaba Clive Painter con cada rasgueo. Canciones sencillas, mezcla de americana y pop-rock británico, cada una con su solo parsimonioso y a otra cosa. Carisma que inunda.
En The Orchids un señor muy mayor levantó uno a uno los ánimos de un grupo de señores mayores (pero no tanto) hasta la sonrisa perenne a base de pegarse bailoteos con su bajo y sacar todo un repertorio de posturitas de hace treinta años. Empezaron con cierta reticencia, pero a medida que se venían arriba se destapaban como grandes músicos con un repertorio de indie-pop primigenio más que notable. Hidden Cameras configuraron una situación un tanto incómoda con su afán de que todo el mundo se lo pasara de fábula. Tanto que aparte de una flauta travesera y un violonchelo que a veces sobraba, apenas recordamos nada más.

Esencialmente íbamos a ver a Matt Elliott. El haber dejado un poco de lado la saturación de la distorsión de la trilogía de canciones en favor de una superposición de capas de guitarra clásica y voces hace que su directo, en el que construye todas y cada una de ellas en tus narices como un hombre orquesta posmoderno, impresione de esta manera. Gracias al cielo por las pedaleras que permiten que alguien como él se baste para llenar un teatro de sentimiento sincero del que hace pupa. Completamente enfocado en el nylon y el desgarro, llegó, se sentó, epató, y recogió sus trastos. Lo que quiera que durase, supo a poquísimo.
Texto: KK2342
Fotografía: Marta Altieri


A cincuenta años de 'Atraco a las tres'. El futuro es ayer
Lección de modales con Xiu Xiu
Lina Romay, retorno al sueño
Tanned Tin epatado por Matt Elliott
Monkey Week se reafirma en la heterogeneidad









